Francisco Alonso | Apis Durii: “La apicultura es ahora la primera de las ganaderías que se instalan en el medio rural”

“La marca de calidad aumentará precio y dará valor al producto”

“Las distancias están provocando problemas enormes en los pueblos”

La pujanza de la apicultura en la provincia durante los últimos cuatro años ha llevado al nacimiento de una nueva asociación. Apis Durii surge con el respaldo de casi medio centenar de socios, propietarios de cerca de 6.000 colmenas, lo que supone un 20% de esta actividad pecuaria en la provincia. Con una cuota de 50 euros, que cubre el seguro de las primeras 25 colmenas con el fin de atraer también a los pequeños productores, Apis Durii se marca objetivos como el impulso en la profesionalización del sector mediante la formación, abaratar costes, unificar tratamientos o poner toda la carne en el asador para conseguir la Marca de Calidad Miel de Zamora. Lo explica en esta entrevista Francisco Alonso Anta. Leer entrevista completa.

Nuestro agradecimiento a Irene Gomez y a la La Opinion de Zamora

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Nuevos apicultores, cuestión de días

La actividad agrícola y ganadera ha sido, a priori, una de las grandes beneficiadas con la nueva reforma de la normativa básica ambiental de nuestra comunidad. Las novedades recogidas por la nueva Ley 8/2014, de 14 de octubre que modifica la famosa y omnipotente 11/2003 de Prevención ambiental de Castilla y León, o más bien que la reescribe, se acentúan sobre todo en la reducción de los plazos.

En el caso concreto de la apicultura, los asentamientos estantes y de más de 24 colmenas, precisaban ya no solo de un proyecto básico, sino del Informe de la Comisión Provincial de Urbanismo y Medio Ambiente, junto con otro preliminar redactado en la mayoría de los casos por el servicio de Asistencia a Municipios de la diputación correspondiente .Éstos junto con el resto de trámites, aumentaban a casi un año el plazo para la obtención del código de explotación. La compra de enjambres en junio, previamente encargados, traía de cabeza a los apicultores locales, que habiendo iniciado los trámites el otoño anterior, veían como pasaba la primavera, sin poder iniciar la actividad por motivos burocráticos.

Por el contrario, los apicultores trashumantes, amparados hasta ahora por la Ley antigua, podían establecer un asentamiento con la simple comunicación al ayuntamiento, sin proyectos, ni plazos, y en la mayoría de los casos sin un claro análisis de distancias, que si se daba en los estantes, lo que ha provocado no pocos encontronazos y situaciones desagradables.

Pero desde la pasada semana, apicultores estantes y trashumantes, pasan por el mismo rasero ambiental. A partir de ahora ambos casos, tratados como “actividad apícola”, quedan sometidos al régimen de Comunicación Ambiental. Y este régimen, que también se modifica con la nueva Ley, pasa a precisar además de una “Memoria Ambiental” adjunta, entre otra documentación. Memoria ambiental que en el caso de las abejas, al no producirse emisiones de residuos, ni contaminación, deberá recoger como hasta ahora los proyectos, las distancias a los distintos ítems que marca la normativa sectorial apícola, y que por el momento no se deroga.

Igualmente, el resto de actividades ganaderas se beneficiarán de la nueva Ley, menos los corrales domésticos, que sometidos a Comunicación Ambiental, deberán también acompañarse de la mencionada Memoria Ambiental. En este caso concreto, desde Campo Integral hemos diseñado una Memoria Ambiental “Simplificada”, que facilitará el trámite al promotor sin encarecer en gran medida su coste.

Experimento biodinamico

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Aprovechamos el día de San Isidro, nuestro patrón, para instalar un nuevo asentamiento apicola experimental. De aptitud múltiple se recolectara miel, polen y propóleos. La especie escogida es la autóctona, Apis melifera ibérica, de agresividad media alta, y alto nivel de enjambrazon, pero muy bien adaptada al medio y, por tanto, muy resistente. Previo a la instalación, con la misma orientación experimental, y para posicionar las colmenas, se hallaron las redes de Hartmann, aportadas por la energia telurica, terrestre, dentro de un protocolo biodinamico, que emplearemos como muestra.

Terneros de Lujo, una apuesta de futuro.

Asistimos a una nueva explotación de vacuno de carne en Santa Eulalia del Río Negro (Zamora). Su propietario José Miguel Sutil, un hombre de la tierra, inicia su andadura con esta excelente ganadería limusín.

Santa Eulalia del Río Negro, localidad carballesa bañada por las aguas del mismo nombre, es uno de esos lugares idóneos para la actividad con pastos verdes, duraderos y agua abundante en todo el término, donde a buen seguro los terneros “de Lujo”, pues así reza la insignia, se criarán explotando al máximo todas las virtudes de la raza. Ésta, que en sus inicios tuvo aptitud carne-trabajo, ha ido evolucionando con los años y la selección, hasta convertirse, quizá, en la raza más apreciada por los ganaderos españoles, tanto por su relación hueso/músculo, como por su rusticidad y capacidad de adaptación, o por su facilidad de parto.

Son muchos los jóvenes que como José Miguel han apostado por el campo en estos últimos tiempos. Y desde esta casa queremos reconocer su esfuerzo, pues al fin y al cabo su futuro y el del campo, y el nuestro, van ligados. Y estamos convencidos, el campo español, con sus altibajos, con personas como ellos, hoy por hoy, tiene futuro.

Nuestra leche favorita

gaza cabalgata
GAZA, nuestra leche de toda la vida, continúa en el candelero, en la vanguardia de las industrias lácteas españolas. Entera, semidesnatada, desnatada, de oveja, calcio, sin lactosa… Y por si fuera poco postres, y cómo no, nata. La nata que usan los mejores pasteleros de nuestra provincia. Y de esta forma adornó la cabalgata de reyes de este 2014 que acaba de comenzar. Con una original carroza repleta de niños y caramelos, y con este desfile, aplaudido por toda Santa Clara, de sus productos principales, que al fin y al cabo, son uno más en nuestras casas.

Costumbres que se pierden. La elaboración del pan.

La elaboración del pan, es una de las muchas costumbres quasi diarias, que han desaparecido del panorama nacional. En las zonas rurales, no todas, pero si muchas familias poseían en su inventario común un horno, cuyo usufructo disfrutaban a vez por semana, a veces más, a veces menos, según las casas.

Amasar y cocer eran unas de las imprescindibles tareas que se aprendían en todos los hogares. Y quien más quien menos, alguna vez en su vida ha tenido entre sus manos un pedazo de masa que abrazar o un mendrugo de pan caliente, recién salido del horno. No en vano, el pan continua siendo la base de la alimentación para buena parte del mundo, después del arroz.

A día de hoy todos compramos el pan en las panaderías, y los niños desconocen por completo, donde nace, crece y se reproduce, aunque no donde muere. Las pocas veces que aun se amasa en casa es con motivo de alguna celebración familiar o entre amigos, en la que se arroja el horno, con la posterior intención de dar cuenta de algún tostón, o de algún lechazo que se confundió de oficio y acabó en las mesas de los celebrantes. Y es a la par de la cazuela, que previamente a su uso, o de forma simultánea, se amasa y se cuece el pan, además de unas buenas patatas de la huerta, por ejemplo.

La desaparición repentina de esta costumbre, ha ya más de 20 años, estriba principalmente en dos aspectos:

En primer lugar, el tiempo. La harina una vez amasada con el agua, el sal y la levadura (hurmiento/furmiento en el pasado: masa de pan fermentada) debe reposar a buena temperatura, siendo la ideal entre 22 y 29 ºC, fermentando y creciendo hasta doblar su tamaño, lo que lleva varias horas de espera desde que se inicia el amasado hasta la cocción. Hoy las panaderías poseen cámaras de fermentación ideales para este proceso que proporcionan una temperatura y humedad óptimas para el desarrollo de Saccharomyces cerevisiae, que es la levadura que fermenta el pan, la cerveza(de ahí su nombre) o el vino, por ejemplo.

En segundo lugar, la cantidad de energía. Los hornos tradicionales por el hecho de haber servido en el pasado a familias muy numerosas se hacían de tamaños, desproporcionados a día de hoy. Esto motiva que la cantidad de leña que consuman sea descomunal. Las hogueras lentas y gruesas no acaban por arrojar las paredes del horno, no proporcionando la temperatura necesaria para la correcta cocción del pan. Es necesaria una buena carga de leña, fina y menuda, para que la puerta del horno se torne blanca. Si, la capa mugrosa y negra, que no es si no barro con hollín, debe blanquearse para poder retirar todo el fuego, leña y rescoldos, introducir el pan e iniciar la cocción. Hoy en día este proceso se realiza de manera diferente. Ello está en que el fuego se realiza en un compartimento inferior que poseen los hornos alimentarios, en lo que sería una transmisión de calor indirecta del fuego al pan, que en ningún momento comparten espacio (lo que se prohíbe por ley), como sucedería en los hornos tradicionales. Esto permite a las panaderías aquilatar la cantidad de leña de un horno que nunca llega a enfriarse pues se utiliza todos los días, permitiendo rentabilizar su empleo. Otras panaderías cuentan con hornos eléctricos o de gas, que también sirven al uso, pero aportando unas características organolépticas diferentes a los panes.

La moda de los últimos años, en las viviendas solariegas de nueva construcción, ha sido la instalación de Hornos de Pereruela, (localidad de la provincia de Zamora, que goza fama por su manejo del caolín) que acompañados de un buen aislamiento imprescindible, rústico o moderno, hacen las delicias de cualquiera, pues con el fuego justo y un tamaño más que suficiente sirven de sobra para cualquiera de las propuestas anteriores, entre ellas, ésta, que se nos va, la del pan…